ACADEMIA DE 14 AGOSTO DE 2012

ACADEMIA DE  14 AGOSTO DE 2012
TURNO VESPERTINO

viernes, 21 de diciembre de 2012

DIEGO RIVERA Y LA ARQUEOLOGÍA MEXICANA
La raíz profunda

Francisco González Rul
Las antiguas culturas de México fueron una rica fuente de inspiración para uno de nuestros mejores pintores. El recinto que construyó el artista para albergar su amplia colección de objetos es una muestra indiscutible del interés que tuvo por la historia prehispánica, presente en su obra mural y de caballete.
La figura de Diego María Rivera como pintor y político es bien conocida, por ello no se hará hincapié en ese tema; en cambio su relación con la arqueología es asunto poco tratado, aunque de gran importancia, dado que muchos de sus temas pictóricos tienen una clara inspiración indígena prehispánica.
Es casi imposible saber desde cuándo la arqueología motivó su interés; sin embargo, hay una anécdota que refiere que durante su matrimonio con Lupe Marín, en los veinte del siglo pasado, ella, desesperada por el desinterés de Diego en el problema económico, le preparó una “sopa de agua, llena de monitos de barro”, a falta de otro tipo de alimentos.
A partir de esa época se manifiesta la inclinación de Diego por los cacharros prehispánicos, y es casi seguro que a medida que lograba fama y fortuna, adquiría algunas vasijas y figurillas.
Su hija Ruth mencionaba que había tenido siempre la sensación de haber vivido en la bodega de un museo, dada la afición de su padre por las piezas arqueológicas, y seguramente se hacía de todas las piezas que le vendieran, fueran auténticas o falsas. Cuando años más tarde el arqueólogo Rafael Orellana trató de hacer un inventario de la colección del Anahuacalli, encontró que buena cantidad de las piezas eran modernas.
Si bien Diego no fue un experto en el conocimiento de los materiales arqueológicos, sí tenía, al igual que artistas como Miguel y Luis Covarrubias, Carlos Pellicer y Rufino Tamayo, una gran sensibilidad para distinguir lo auténtico de lo falso, y si le llevaban a vender un lote de piezas, seguramente pensaba que bien valía la pena adquirir sólo una, auténtica y de su gusto, e ignorar las falsas o modernas.
En contraste con sus amigos y colegas, los hermanos Covarrubias, Diego no se adentró demasiado en el campo arqueológico; no obstante, estaba enterado de los trabajos que se llevaban a cabo tanto por lo que se publicaba como por lo que se pensaba. Seguramente uno de sus informantes fue el arqueólogo Carlos Margáin, con quien llevó una gran amistad.
Si tomamos como base de juicio sus trabajos pictóricos con tema netamente arqueológico, tendremos que una parte muy importante de su obra se localiza en el Palacio Nacional, otrora lugar donde se encontrara el tecpan de Moctezuma Xocoyotzin.


Diego Rivera en su casa de Coyoacán, ca. 1950.

©227418, Conaculta. INAH. Sinafo. Fn. México.

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